En 2010 se publicó en Ediciones de la Torre la obra Quisimos tanto a Bapu, apareció junto a Los raros (Cuando el grito del moro). Esto se dice en la sinopsis que aparece en este mismo blog:
Gandhi, reencarnado en tortuga, entra en la casa de una adolescente. A través de ella, se relacionará también con su grupo de amigos e, indirectamente, de enemigos. El texto presenta las dificultades de los jóvenes para dar respuesta a sus relaciones, a veces violentas, o a sus vínculos con un mundo hostil, y la importancia de un referente capaz de transformar.
Como otras veces, intenté relacionar historia, ideas y mirada juvenil sobre el presente.
En una escena se descubre la preocupación secreta de una las jóvenes protagonistas, Lidia. Lo que le ocurre es que está viviendo con su familia en un coche porque han sido desahuciados. Sus amigos organizan una acampada en el ayuntamiento para protestar y reivindicar una solución. Lo que ocurre después forma parte del desenlace de la obra y, como es lógico, no debo hablar de él.
Mezcla de sensaciones.
Hoy es actualidad un movimiento popular, bastante joven, en el que se lucha contra los desahucios y a favor de un cambio estructural ante la dificultad o imposibilidad de acceder a la vivienda por la especulación utracapitalista.
Pero frente al sentimiento de esperanza, no puedo evitar la sensación de falta de avance al recordar lo que escribí hace más de quince años. Incluí este episodio porque ya entonces era noticia en los periódicos. Ojalá que en el futuro el contenido de mi obra sea solo un acontecimiento histórico.


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